Con
el atentado del 11 de setiembre, hecho ocurrido en el corazón de Nueva York
(Estados Unidos), ha tenido una honda repercusión en la economía, pero no es la
responsable de la crisis económica.
El
terrorismo, también en el terreno de la economía, siempre tiene consecuencias
reaccionarias, pues les brinda a los apologistas del sistema una excelente
excusa para ocultar la raíz de sus problemas económicos, que son el resultado
de la dinámica propia del sistema y no el fruto de la acción. También cayó la
idea de que la seguridad estaba avalada para todos y que ese fue el verdadero
éxito del golpe propinado por parte del grupo terrorista Al Qaeda a la
principal potencia mundial. Y no solamente en el tema de seguridad, sino
también en la economía, en las relaciones internacionales, en los derechos
civiles y hasta en la manera de invertir presupuestos de los países.
Ahora
bien, la acción que produjo el derribo de las Torres Gemelas ha tenido como
característica singular el haber sido una agresión local con efectos
inmediatamente globales. Ello hace que no pueda ser descrita adecuadamente por
la versión previa de nuestro modelo. En efecto, se trabaja con subsistemas que
pueden representar comunidades locales o nacionales de una magnitud comparable,
de modo que la respuesta solidaria frente a la represión sólo se produce en el
seno del mismo subsistema.
Donde
hubo una reducción de la tasa de interés a los niveles más bajos por más de
medio año, seguido de un fuerte endeudamiento externo. Esta recesión provoco en
aumento del precio del petróleo sometiendo a las familias a utilizar sus
hipotecas como garantías de pago. Es por ello que se crearon estrategias para
lograr el crecimiento económico.